Nadie repara en los jóvenes

Nunca entenderé que les demos preservativos
a partir de los 16 (sino antes)
y sin embargo no les preservemos los corazones.
Es cierto que no han aparecido vacunas todavía
pues el misticismo de lo intangible es lo que tiene,
pero convertimos la educación sexual en académica,
cuando sólo implica un acto natural, sencillo e innato
de metesaca.
Mientras convertimos la educación personal/amorosa
en un ámbito de la ciencia ficción, o mejor aun,
en espacio reservado a las consultas del Dr. Amor
en los periódicos cutres del instituto
o en las revistas no menos cutres orientadas a los púbers;
Super Pop, Ragazza o similares.
Por no hablar de esas tesis doctorales
que son «American Pie 1, 2, 3 y 4»
o las putas películas de «no-amor» con rubias animadoras
y jugadores de fútbol americano
o series australianas del verano del amor,
tan familiarizadas con nuestras costumbres.
Total que hemos convertido en tesis testiculares
el conocimiento del «Punto G» en la geografía más
globalizada, la localización del «Punto H de Homo,
no sexual sino sapiens» en algún lugar de la mancha
de cuyo nombre no quiero acordarme, o esfínter…
mientras desconocemos, bueno, o desconocen, que coño¡¡¡
que a mí me ha costado un trecho largo.
Mientras se desconoce el lugar donde se albergan
los fracasos, para aprender a omitirlos si no borrarlos,
el lugar de las respuestas afortunadas,
el sitio exacto de cada sonrisa, cada mirada,
la negación afirmativa o la extinción germinal
de lo que termina para comenzar.
Aprender a amar; en definitiva.
Algo que nunca ha sido nada
ni demasiado difícil, ni demasiado sano.
Que carajo.

Un comentario en “Nadie repara en los jóvenes

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