Y entender

que esto no es más que una habilidad como cualquier otra
y que del mismo modo que para el alfarero
la práctica en sí misma del torno, resulta una cuestión de importancia metafísica en su vida que no admite discusión y que conlleva una defensa a ultranza de su verdadera importancia en la historia, para mí (o para nosotros) no queda sino la creación de un gremio donde demostrarnos día tras día, que a pesar de lo que digan los alfareros, los mecánicos, los científicos, los médicos… Es precisamente nuestra habilidad la que conlleva mayores sacrificios y de una importancia verdadera en la historia, pues somos sin dudarlo, elegidos transmisores versados del amor/desamor que es la verdadera energía de este maldito universo (teoría de la relatividad aparte).

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