Los días han de ser largos
incluyendo sus noches
quién sabe si recuerdos
de constelaciones pasadas.
Que nos lleven de un continente
a otro y confluyan los sinos
que alguna vez fueron regados
sin necesidad de plañideras
o puede que llamadas de lluvia
mediante. Sueños de visiones
que todavía no tienen forma.
Y en ese pensar producirse
el conato de reencuentro
que dos almas observan
mientras realidad y su imaginada
alternativa seducen de forma dispar
a la vida.
En ese producto de la imaginación
conciliar verdad, ritmo y tiempos
sea de forma sucinta, lo más cercano
al atavismo donde reconocernos.
Porque pertenecemos a este momento
pero esta historia nos precede
del mismo modo que pervivirá
tras nosotros, como recuerdo
o como guía para revivir mejores días
de aquellos que como testigos
fueron observadores de una casualidad
que dio alas al mundo por la ilusión
que llamó a las puertas del cielo
su agnosticismo; algo ha de haber
más grande que nosotros.
El lugar donde el amor convierta
energía cauterizada y yerma
en nueva sincronía vital.
El espacio donde tú y yo
contemplemos el pasar de los días
y sean largos, y sean voraces
quién sabe si sus noches llamen
a un dios que todavía no ha recibido
nombre. Pero aquí, hoy,
en este preciso instante,
yo te invoco como alegría,
sonrisa de una voz fulgurante.
A la vez que nuestros días
evocan todos los que vendrán
y tendrán cielo y nombre,
ilusión, casualidades, lluvia,
que no falten el sol ni la conquista,
ni bailes ni humores ni sonrisas,
elementos de circos, malabarismos
y resueltos e intrépidos funambulistas.
Y de tus ojos a los míos
encendidas dos miradas
que son indefectiblemente
eternas.
Pues se han prendido de luz
y tiempo.
Materia del universo ingobernable.