Del uno al dos y al tres
números que cobran significado.
Quién sabe el recorrido aunque la vida
dictamina su diseño. Vivir con los ojos
abiertos, sentir con las palmas desnudas
de las manos, reír con dientes y labios.
Escuchar el discurso interior de una voz
que proyecta magnitudes, sueños, realidades
y nuevamente se reconoce frente a otra mirada
que recorre las mismas distancias, que visita
los mismos lugares, que percibe frágiles
intensidades y a su vez comprende la belleza
como una ecuación de suma más multiplicación
sin resta.
El poeta escribe desde una distancia o bien
descifra, traduce o desentraña preguntas
cuyo significado se mantienen en el aire
por la importancia de sostener el argumento,
la intriga y el perfil de los personajes.
Pero esta historia que se escribe mientras caminamos,
paso a paso, beso a beso, sed y sexo,
contempla a su vez la importancia de convertir
y transformar todo lo que ha sucedido, sucede y sucederá,
para un fin mayor; la búsqueda
de tiempo, risas, lugares, bailes y miradas
que conviertan en máximas
todo lo vivido: pasar del 1 al 2 y poco a poco al 3
guardando cada una su indivisibilidad, aunque siendo
parte y suma de un total que comprenda
a su vez una cosmogonía única: el universo de un amor mayor.
De un lienzo en blanco a otro, buscando formas
de decir te quiero mientras la vida que sabe
el recorrido, proyecta multitud de dimensiones diferentes;
del 1 al 2 y al 3. Poco a poco. Paso a paso. Beso a beso. Sed y sexo.
Abrazos son multitud.