Pasados dos días reacciona
a tu pregunta sobre el proceso creativo
lo hace con estos versos reactivos
que no son medida ni ajuste
pues palabras somos tanto como memoria
de su destino. A la sorpresa
de una inteligencia mayor que nosotros
no supo ubicarla en el universo, quizás
buscaba a algún escritor y con él a Dios, por
la metafísica del orden a la creación, por
llamar creación del ser humano a cualquier
idea, proyección, realidad posible o futura,
así las distopías sobre las que incluso
Stanislav Lem llegó a legar un gran relato
que ninguno de los dos hubo leído
pero ambos en la ensoñación pudieron dar
como cierto.
Pasados dos días reacciona a tu pregunta
sobre el proceso creativo de escritura
y cae en la cuenta –se miente, lo hizo en
el instante exacto que sucedían– de cuánta
energía pueden llegar a transmitir
miradas desconocidas que esquivan el sol
tanto como se buscan reconocidas.
No acostumbra a preguntas tan íntimas
de modo que tampoco pueda darse
por válida, otra respuesta que la ínfima:
“Sobre una idea o una palabra…
surge la poesía.”
Y siendo así no sería menos cierto que
hace falta vivir ese momento y en él
encontrar la belleza que transporte
pasado el tiempo, un discurrir amable
de insólitas conexiones por lo breve
hacia lo catódico de otras emociones
y en ellas quién sabe si dejar recaer
hilos de terapias, pero no por ello
renunciar al conocimiento propio
ni al ajeno. Lo mutuo sea una deriva
del tiempo.
Pasados dos días reacciona a la comicidad
–miente, lo hizo en el trayecto de vuelta
a casa– y reconstruye los momentos:
el suyo procaz; no volverá a apoyar
si brinda una primera vez.
El de ella hilarante: “entonces eres del Opus
Dei… eres del Opus Dei” y en el transcurso
puede que –solo en modo
“propuesta de mejora”– faltara
algún humor más. El poeta reconoce estar
cansado de estereotipos y eslóganes: “que
me haga reír” y a veces desactiva el botón
“pulsar en caso de incendio” por si…
la lluvia
y las expectativas.