Cristina

Sé un shokunin
encamina la dicción a la templanza
levanta levemente la mirada
impón autoridad
pero más alegría si cabe
de brillar los cristalinos
uno sabe cuando habla
del amor que teme
o del amor que ama

Por eso es más fácil
desde la autoimpuesta seguridad
que da la monogamia

Dirige la mirada
como si observar fuera
esa sentencia pagada
que dictamina el acorde fugaz
de un concierto de jazz al que vas, invitado
y que disemina escenas de amor en plena calle.
Y tú quisieras recordar
la vez que quisiste fingir no haberte enamorado
sólo porque el balance entre el viento y el mar
se saldaba con piel más piel salada

Y así recorrer una espalda
que jamás sería una mano

Por el compromiso de la palabra
aquél mismo
que impide despedirse en un andén
porque un abrazo, un beso o un gesto
en una estación
son enigmas irresolubles
para mediados-principios del verano.

El amor, siempre llega al final
de un estiu juzgado inequívocamente
abril.

Y pasado.

Cádiz 2009.

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