Me molesta que seas tú la primera y principal ausencia.
Innumerable reguero de vacíos sobre los que existe un hilo conector;
soledad, silencio, pausa (aunque aquí me gusta más la palabra “paura”) y confluyen en lo más profundo: negación absoluta del presente,
sublimación lasciva del deseo, sintaxis de un lenguaje neutro donde
aprendemos a comunicarnos sin exponer tejidos pero prometiendo continuos.
Aprenderás que seguir el rastro de los silencios
porque forman el idioma de los abandonos
no es bastante si tener que elegir entre la mejor memoria
o el recuerdo desconocido pero afectado de ambiciones,
es, además de eterno, peligroso.
Ambicionas los besos entre el levante y la primavera
no el amor condicionado, ni el reverso sentimental del diálogo,
a veces basta con ese instante previo -que jamás dura siempre-
cuando lo tenemos todo, abro comillas:
“un nuevo amor
otro
y un tercero
ninguno eterno, nada fundacional,
simple y llanamente un ejercicio libre de domingo,
un legado de conversaciones genéricas
para un lector de pasiones fútiles”.
Ambicionas parcamente la solemnidad de las primeras veces,
y la congruencia de esquivar las primeras preguntas personales
cuando todo va bien, cuando todo es perfecto, cuando el horizonte es infinito,
un infinito abanico de sonrisas y pasiones, un universo infinito de promesas y miradas.