Volví al banco donde nos sentamos la primera vez
luego hubo otras
veces
pero nunca fue igual
nada es idéntico…
Recuerdo tu jersey amarillo neón
y un año antes de aquello;
el conjunto de short beige
y jersey de croché blanco roto
la primera vez que nos cogimos de la mano
paseamos por prácticamente toda la ciudad,
me besaste cerca del Balneario de la Palma
-donde hice
prácticas de arqueología subacuática
pasados los años-
buscaba (y busqué) mi corazón hundido cual ancla
ánfora y metáfora
frente a la viva imagen de un beso
inocuo.
Necesité situarte allí
antes de todo
antes de nada
para salvar una parte del mundo
que quise (ser) para mí.
Hay una fotografía aérea de la ciudad
y otra composición romántica que nada bebe
de la necesidad
sino que nace del ímpetu y
de una inocencia como aquel beso de púberes.
Aún no deseaba tu cuerpo,
cuesta creer que lo deseara alguna vez
pronunciación de un deseo parco y opaco
a la vez que definitivo por la latitud.
En toda idea de conquista
trabajan consecutivamente los anhelos
frente a la realidad y la pragmática.
Mi huida y posterior abandono
me enfrentó a la idea de la belleza,
a la terrible belleza de una historia
minada en calendarios
y en el suicidio lento
desde cabinas públicas de teléfono
hacia cintas de cassette oídas
a escondidas…