Toda superficie terrestre
limítrofe con el océano
expone la creencia de que el espacio
es contenido
y en el imaginario popular
se instala el oportuno síndrome
de la angustia/asfixia por exceso de horizontes
marítimos.
Expones que la simple idea de vivir
en una isla te obliga cada cierto tiempo
a buscar el continente por defecto.
Te insto a la certeza del paisaje,
que aquí el límite es tan extenso
que pudiera parecer infinito.
Bordeas la ilusión de las fotografías
con postales de amaneceres…
Y seguimos pisando tierra firme
a pesar de la tradición constante
del viento, el océano y el salitre.
Toda vez que hemos cambiado las Posidonias
por posiciones más atlánticas…