Sobre mí
por encima del ígneo deseo
rayas con dulzura la simiente
de este dios inabordable
que extiende sus brazos para inducir el sueño
a lo que tus ojos reducen el brillo
mediante la consecución de un presente.
Una voz susurra;
«A la impiedad» queriendo decir
al abordaje.
Nada hay de irreductible
en este lenguaje.