(A UNA BAILARINA DE TANGO)

Con dos copas

ella siempre bailaba;
yo, por norma,
no solía moverme de la barra.
Era raro que fuéramos puntuales.
Nos gustaba pelear bajo la luna.
Era oscura, era pálida,
no usaba maquillajes.
Sus ojos perforaban
-color tacón de aguja-
los ajenos.
Su virtud más curiosa:
sonreía sin miedo.
Creo que le gustó, de mí, esta forma
que tengo de ser lento
y a la vez imprudente.
Nos quisimos un tiempo
o dos, quizá. No sé.
Fue el amor de mi vida para siempre
y luego no lo fue.

Andrés Neuman
«El tobogán»
XVII PREMIO DE POESÍA HIPERIÓN

P.D. Recomendado queda.

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.