Soy un fundamentalista

de las letras
no concibo la paz y la palabra
yo no pido la paz ni la palabra
estaré muerto cuando obtenga el turno.
Por eso pretendo mostrarme implacable
y algunas veces pecar de intolerante,
belicista, violento e insolente.
Mas no es una pose o una poética
es una actitud vital ante la tragedia
de haber perdido el sitio entre la muchedumbre
que no me reconocieras entre aquellos,
entre tantos.
Que el amor ya no lleve mi nombre.
Que no tenga un poco de metadona
para superar el síndrome de abstinencia
que supone perderte.
Que verdaderamente no haya sido más fuerte
que la adicción.
Convertido ya en fundamentalista literario
que es una versión moderna
del terrorismo romántico del XIX.
Ahora cuando imperan las tiendas de armas
y desfallecen las bibliotecas.

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