Últimamente me recuerdan con cariño y beneplácito
para no herirme, como si me importara un carajo por otra parte.
Decía que me recuerdan aquello de;
«Te falta un poquito de madurez»
Pero es que llevo como varios años volviendo una y otra vez a las rebajas,
nunca está demasiado barata
y todavía soy reacio a gastarme el poco sueldo
en artículos de lujo o intangibles.
Y prefiero disfrazarme con camisas más formales de 15 euros
o con pantalones de lino arreglados por 25
para las noches más intensas,
ya rodeado de caníbales adultos
donde paso desapercibido a veces
y otras veo en algunos rostros alrededor
como mi juventud se anhela;
del imberbe vertebrado
funcionario de visiones,
creador de ficciones y fábulas
a sensible productor de orgasmos.
Ahora que puedo, todavía pertenezco a la campaña de publicidad que reza;
«Pezqueñines no gracias, debes dejarlos crecer»
Y ansío alguna vez capturas ilegales en mares de borrasca
y borracheras a oscuras, por métodos de arrastre
o pesca nada selectiva
de especímenes más jóvenes.
Ya convertido en alguien de mi edad,
esta disposición de amar
con algunos reductos de putero
que no pone nunca en juego
lo que de tanto ejercitarse sístole-diástole
tiene tendencia a suicidarse.