O al menos en mi historia.
Aquí una pequeña muestra del último libro que me regalaron por mi recordatorio anual de envejecimiento;
éste es mi contestador automático.
Para herir, simplemente marque 1.
Para contar mentiras que me crea, marque 2.
Para las confesiones trasnochadas, marque 4.
Para interpretaciones literarias
producto del alcohol, marque 6.
Para poemas, marque almohadilla.
Para cortar definitivamente la comunicación,
no marque nada, pero tampoco cuelgue,
titubee en el teléfono
(a ser posible durante varios meses)
hasta que note que voy abandonando el aparato
a intervalos de tiempo cada vez más largos.
No desespere. Aguante.
Espere a que sea yo la que se rinda.
Le evitará cualquier remordimiento.
Gracias.
Vanesa Pérez-Sauquillo
«Bajo la lluvia equivocada»
¿Qué puede hacer un simple mortal como yo, ante versos como estos?