Si nos ponemos filosóficos

y empezamos a contemplar la teoría
de modo que vislumbremos el quid:
«Nos gustan los imposibles».
Por su facilidad para la mímesis
pero también por la generación de fantasías
y mitos (más que heróicos, eróticos).
Aunque en realidad, lo que nos enamora de un imposible
es su tremenda capacidad para evadir nuestras responsabilidades
en el desenlace.
Y así nunca supone un esfuerzo ni un arrepentimiento.
Sí un riesgo para nuestros corazones,
pero al fin y al cabo él/ellos no entiende/n de tecnicismos
acerca del cumplimiento o no
de los determinados requerimientos.
Y fue bonito mientras duró aquello de:
-querer ser poeta
-estar enamorado de esa chica casada y con un hijo
-vivir durante un tiempo en La India
-dedicarme única y exclusivamente a tí

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