como un reguero de sangre
gota a gota
todas mis amistades.
Ellas también,
las no amadas
y como un herida supurante
a la que uno no termina por acostumbrarse
y por encima de todo, yo
imperecedero.
Así en la esquela mortuoria
que me recuerde
se lea claramente;
«por encima del bien y del mal
pero por debajo de toda ocasión
y realidad».