Por su fisonomía
me atrevería a afirmar
que es italiana.
Así la recordaré
el resto de este día;
“la mujer italiana
que iluminó el tren”
[…para más tarde comprobar
que su acento de habla castellana
echaba por tierra todas mis esperanzas.
Mas todavía me dio tiempo a escuchar en su hilo telefónico
su delgada voz afirmando; “si, si, esa chica es italiana”.
Sorprendiéndome nuevamente ante estas paradojas del destino
o el azar cumpliendo una parte de mi viaje.