Siempre se me dieron bien

las frases cortas,
lo lapidario, lo hiriente por momentos,
el fin,
el adiós.

Siempre subrayando fragmentos poéticos
que intercalar en momentos frágiles de la vida.
Siempre almacenando un archivo al que recurrir
en los careos más importantes
o en los escarceos para describir/me/te/nos.

Y ahora, en el mediotiempo de este instante
como una ley física
se impone una frase lapidaria para recordarme;
«ya no eres el de antes».

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