Hace no demasiado hice un curso de esos teatrales para aprender a hablar desde el estómago, para realizar ejercicios de respiración que contuvieran los nervios al hablar en público.
Lo cierto es que esto iba a ser otra cosa, pero ahora me doy cuenta de que no sirvió una puta mierda aquello de abrir la boca mucho al pronunciar (o decir su nombre), aquello de gritar con la boca hueca (su nombre nuevamente)… porque cuando estoy con ella no sirven para nada cursos, teorías o ejercicios estomacales.
Todo esto no viene sino a confirmar que uno entrega su amor a aquella persona que con naturalidad y sin ostentación, consigue robarle exactamente la voz y la palabra.
Y entonces te preguntas; ¿qué soy sin ambas?