Repito los errores una vez tras otra y nunca me canso de compadecerme y pedirme perdón.
Quizá porque algún día me juré amor eterno sólo si todo seguía igual y yo no empeoraba.
De este curioso modo yo no cambio, mis errores tampoco y el amor eterno que me profeso sigue inalterable.
Puede que sea también una forma de demostrarme que sigo siendo yo.
Aunque lo mas probable es que se trate de una estratagema para evitar el aprendizaje de los errores, que luego signifique abrir nuevas puertas y ventanas y no saber ya como cerrarlas.