Ya falta un paso, quizá dos.
No pienso demasiado en el final de todo.
Me propuse un sueño a los 18, sueño que evidentemente no se cumplió.
Y ahora a pesar del lastre he decidido terminar el «plan B».
Yo quiero una salida definitiva.
Para terminar haciendo una rajada letal.
Un «no voy a volver nunca».
Ni siquiera en caso de fracaso absoluto.
El paso que me falta para hacer las maletas no es más que un imperativo burgués.
Peor que ser pobre es ser medianamente pobre y no poder abandonarlo todo porque quizá el destino sea peor que el orígen.
Y también por la responsabilidad de la oportunidad al alcance de la mano.
Ya sólo falta un paso, me repito.
Quizá dos.
Paciencia, no es hora todavía de hacer las maletas para gritar «Me marcho».