sorprendes a alguna mujer postadolescente (y bella por cierto) mirandote de soslayo.
En ese preciso instante recuperas la autoestima y piensas; «Coño, no he envejecido tan mal». O peor aun, te das cuenta de que todavía eres joven.
sorprendes a alguna mujer postadolescente (y bella por cierto) mirandote de soslayo.
En ese preciso instante recuperas la autoestima y piensas; «Coño, no he envejecido tan mal». O peor aun, te das cuenta de que todavía eres joven.